viernes, 1 de julio de 2011

Circo

Los humanos son animales de costumbres. Malacostumbralos y van a ser malos animales. Dales todo y van a querer todo, y hasta me atrevería a decir que un poco más. No les des nada y no van a darte nada. Son asi, ¿qué le vamos a hacer?


Forman parte de este gran circo que es la vida. Son como los leones enjaulados, que tiran el sarpazo en cuanto te das vuelta. Son como los payasos, sonríen porque es gratis hacerlo y la forma más descarada de hacerte saber que no podés avanzar más allá de la primer butaca. Son como los equilibristas, viven al límite, caminando por la cuerda floja midiendo cuánto es que duran sosteniendo su propio peso.
Son también un poco como los contorsionistas, desestructuran un poco todo, lo modifican y a vos te alcanza con sonreir por más que sepas que lo que hace no es magia. Los enanos no dejan de parecer similares, aprovechan sus condiciones para explotarlas frente a tu cara y hacerte saber que eso es lo que son y por eso están ahí.
No se quedan atrás los trapecistas, para los que volar a esas alturas es parte de su esencia, como si por eso dejara de ser peligroso. O los escupe-fuego, que juegan con él como si fuera maleable a ese nivel y no les importa lastimarse; tan al límite como los equilibristas, bichitos de la misma especie diría.
De eso y muchas otras cosas más que pasan en el circo, uno tiene que reirse. Después de todo, para eso pagamos.

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